martes, 1 de diciembre de 2009
Prólogo de Enrique de Diego
Posted on 12:19 by Sociedad Terminal
Prólogo de Enrique de Diego •
Para la Editorial Rambla es un honor publicar ‘Sociedad terminal’ de Javier Benegas, y para mí, además, un placer, porque estamos ante un libro importante, que trata una de las cuestiones más graves de nuestro tiempo: la degeneración en propaganda de la información y la publicidad, auténticas armas de destrucción masiva de la sociedad abierta. Había que verlo, desentrañarlo, reflexionarlo y escribirlo y todo eso lo ha hecho Javier Benegas.
Aunque conozco bien la capacidad intelectual del autor, empresario de largo y exitoso recorrido, por sus intervenciones como contertulio en mi programa A Fondo, de Radio Intereconomía, he de reconocer que el contenido del libro me ha sorprendido por su profundidad. No hay precedentes de un análisis tan lúcido sobre un mundo tan aparentemente a la luz del día, y en realidad tan opaco, como el de la comunicación.
En nuestras sociedades terminales, lastradas de intervencionismo, nada es casual, ni surge con la frescura de lo espontáneo. El poder político lo invade todo con el férreo control que le da la expoliación de las clases medias y el despilfarro del dinero del contribuyente en la publicidad institucional, estricta propaganda. Benegas tiene el coraje de describir y documentar este proceso, del que han abusado cada uno de los partidos cuando ha detentado el poder.
El autor da un paso más allá y en una labor de auténtica investigación se adentra en las redes del mercantilismo, estableciendo conexiones entre los biotipos y los valores morales que ofrecen en comandita la propaganda estatal y las campañas de publicidad de las grandes empresas. La descripción de esa ideología emocional –acrítica e irracional-, hecha de tópicos y de clichés amorfos, constituye una parte sencillamente magistral y deslumbrante del libro ‘Sociedad terminal’. Es una de sus espléndidas aportaciones, aunque cada página está llena de ellas, porque Benegas se ha adentrado por territorios vírgenes.
Recomiendo al lector que relea el libro, que pare de vez en cuanto y saboree cada párrafo, porque se trata de un texto muy trabajado, muy bien hilado y en el que es preciso zambullirse para sacar todo el contenido. De la mano nos va llevando a la gran cuestión: a la dictadura subliminal y patente, cotidiana, constante, machacona, a la que nos hemos acostumbrado, del relativismo, al intento en marcha de demoler los valores de la civilización occidental, desde dentro, para sostener a castas parasitarias en su disfrute del poder, mientras la sociedad civil se torna anémica y el edificio de las libertades se viene abajo, porque, por todas partes, se proscribe la responsabilidad, se anatemiza el pensamiento racional y se banaliza el discurso y a las personas, a las que se ofrece un horizonte de dependencia y falta de dignidad. Por eso esta es una sociedad terminal en sentido estricto, que ha dejado de creer en sí misma, y esa es la razón de fondo de la crisis económica que padecemos.
El intervencionismo asfixia nuestras economías porque antes ha ido restringiendo nuestra libertad. Interviene en nuestras haciendas al tiempo que en nuestras vidas. Luchar contra ese intervencionismo totalitario es el imperativo categórico del presente.
El libro incluye una disposición a la rebelión sobre lo que no es inevitable, pero que, sin duda, depende de la capacidad de cada uno de los ciudadanos por asumir sus convicciones, por defender los valores absolutos -los únicos con los que una sociedad puede funcionar. Vivimos un momento decisivo de la historia de la Humanidad, en el que es preciso tener las ideas claras, y ya no es posible sestear. Son tiempos para creer en el propio liderazgo. Cada uno ha de ser líder de sí mismo, dueño de su propio destino. Así conseguiremos ganar un futuro, siempre abierto, que, a fuerza de dejaciones, se ha tornado sombrío, como nunca antes. Esa lucha tenaz, en la que es preciso emplear inteligencia clara y voluntad firme, se la debemos –si nos hemos acomodado, si hemos sido arrastrados por la superficialidad de la propaganda emocional- a nuestros hijos, a las generaciones futuras.
Me atrevo a decir que, en estos tiempos de confusión, Javier Benegas ha hecho una contribución decisiva para la amenazada causa de la libertad.
Para la Editorial Rambla es un honor publicar ‘Sociedad terminal’ de Javier Benegas, y para mí, además, un placer, porque estamos ante un libro importante, que trata una de las cuestiones más graves de nuestro tiempo: la degeneración en propaganda de la información y la publicidad, auténticas armas de destrucción masiva de la sociedad abierta. Había que verlo, desentrañarlo, reflexionarlo y escribirlo y todo eso lo ha hecho Javier Benegas.
Aunque conozco bien la capacidad intelectual del autor, empresario de largo y exitoso recorrido, por sus intervenciones como contertulio en mi programa A Fondo, de Radio Intereconomía, he de reconocer que el contenido del libro me ha sorprendido por su profundidad. No hay precedentes de un análisis tan lúcido sobre un mundo tan aparentemente a la luz del día, y en realidad tan opaco, como el de la comunicación.
En nuestras sociedades terminales, lastradas de intervencionismo, nada es casual, ni surge con la frescura de lo espontáneo. El poder político lo invade todo con el férreo control que le da la expoliación de las clases medias y el despilfarro del dinero del contribuyente en la publicidad institucional, estricta propaganda. Benegas tiene el coraje de describir y documentar este proceso, del que han abusado cada uno de los partidos cuando ha detentado el poder.
El autor da un paso más allá y en una labor de auténtica investigación se adentra en las redes del mercantilismo, estableciendo conexiones entre los biotipos y los valores morales que ofrecen en comandita la propaganda estatal y las campañas de publicidad de las grandes empresas. La descripción de esa ideología emocional –acrítica e irracional-, hecha de tópicos y de clichés amorfos, constituye una parte sencillamente magistral y deslumbrante del libro ‘Sociedad terminal’. Es una de sus espléndidas aportaciones, aunque cada página está llena de ellas, porque Benegas se ha adentrado por territorios vírgenes.
Recomiendo al lector que relea el libro, que pare de vez en cuanto y saboree cada párrafo, porque se trata de un texto muy trabajado, muy bien hilado y en el que es preciso zambullirse para sacar todo el contenido. De la mano nos va llevando a la gran cuestión: a la dictadura subliminal y patente, cotidiana, constante, machacona, a la que nos hemos acostumbrado, del relativismo, al intento en marcha de demoler los valores de la civilización occidental, desde dentro, para sostener a castas parasitarias en su disfrute del poder, mientras la sociedad civil se torna anémica y el edificio de las libertades se viene abajo, porque, por todas partes, se proscribe la responsabilidad, se anatemiza el pensamiento racional y se banaliza el discurso y a las personas, a las que se ofrece un horizonte de dependencia y falta de dignidad. Por eso esta es una sociedad terminal en sentido estricto, que ha dejado de creer en sí misma, y esa es la razón de fondo de la crisis económica que padecemos.
El intervencionismo asfixia nuestras economías porque antes ha ido restringiendo nuestra libertad. Interviene en nuestras haciendas al tiempo que en nuestras vidas. Luchar contra ese intervencionismo totalitario es el imperativo categórico del presente.
El libro incluye una disposición a la rebelión sobre lo que no es inevitable, pero que, sin duda, depende de la capacidad de cada uno de los ciudadanos por asumir sus convicciones, por defender los valores absolutos -los únicos con los que una sociedad puede funcionar. Vivimos un momento decisivo de la historia de la Humanidad, en el que es preciso tener las ideas claras, y ya no es posible sestear. Son tiempos para creer en el propio liderazgo. Cada uno ha de ser líder de sí mismo, dueño de su propio destino. Así conseguiremos ganar un futuro, siempre abierto, que, a fuerza de dejaciones, se ha tornado sombrío, como nunca antes. Esa lucha tenaz, en la que es preciso emplear inteligencia clara y voluntad firme, se la debemos –si nos hemos acomodado, si hemos sido arrastrados por la superficialidad de la propaganda emocional- a nuestros hijos, a las generaciones futuras.
Me atrevo a decir que, en estos tiempos de confusión, Javier Benegas ha hecho una contribución decisiva para la amenazada causa de la libertad.

